Hoy asistí a una plática que ofreció la empresa en la que laboro donde nos presentaron la nueva visión, misión y valores. Fue un evento dirigido sobre todo a los empleados administrativos y algunos gerentes de tienda y distritales, eramos aproximadamente unas 200 personas. La presentación, que se llevó a cabo en un salón de los más grandes hoteles de la ciudad me pareció estupenda. La mayor parte de la conferencia fue desarrollada por un reconocido mercadólogo que supo motivar a todos los presentes con respecto a los grandes cambios que se implementarán el próximo año.

Antes de su ponencia, el presidente del consejo el Lic. Ignacio Fimbres dirigió unas palabras para todos nosotros haciendo una breve semblanza de la historia de la empresa. Algo en sus palabras me llevaron a recordar parte de mi propia historia.

Recordé que hubo un tiempo que a mi papá le gustaba jugar frontenis.

Todos los domingos, salíamos tempranito de casa mi hermano, él y yo, subíamos entusiasmados al viejo pick up azul que teníamos y manejaba rumbo a “la Chapu”.

No sé si era el pick up que iba despacio o nuestras ansias por llegar pero recuerdo que era un trayecto largo y emocionante. La mayoría de las calles eran curvas que subían y subían y subían mientras nuestros ojos se hacian cada vez más grandes al empezar a ver aquellas enormes casas como salidas de una película, lugares únicos que solamente en aquel paseo podíamos admirar.  Después de subir y dar muchísimas vueltas por fin llegábamos a nuestro destino: la casa de “los señores Fimbres” como decía mi papá. Aquella era para nosotros la mansión más linda y grande de todas y lo mejor es que ahí ¡sí podíamos entrar!.

Papá trabajaba ahí durante la semana y conocía tan bien a los dueños que le permitían ir los domingos a usar sus canchas para practicar su deporte favorito.

Entrábamos por un gran portón que abría lentamente, pero una vez abierto corríamos como si de un parque de diversiones se tratara. ¡Además ahí vivía Cali! En cuanto nos veía salía a nuestro encuentro como si fuese nuestro perro. Lo recuerdo hermoso, con aquellos expresivos ojos miel y el pelo tan suavecito que parecía que traía puesto un traje gris de terciopelo. Era super amigable. Brincoteaba feliz e inmediatamente nos poníamos a brincar con él y a corretear juntos tras las pelotas. Claro que aún con toda nuestra energía pues Marcos tenía 7 años y yo 8 él era mucho más veloz, nunca le pudimos ganar una sola bola.

Así, mientras papá jugaba golpeando las pelotas con su raqueta contra esas gigantes paredes nosotros pasábamos el tiempo corriendo con Cali por aquel inmenso lugar.

No recuerdo cuántos domingos fuimos a aquella casa, o si alguna vez estuvo con nosotros alguien más. Tampoco sé porqué dejamos de ir. Mi papá siguio trabajando para ellos 30 años más.

Ahora yo, tengo 6 años trabajando para la misma familia, dueña de esta empresa y de aquel lugar.

El presidente del consejo quizás tiene unos 7 años más que yo. Me pregunto ¿Viviría ahí? ¿Sería su casa aquella? Y más importante aún, ¿Acaso Cali era su perro?

Qué curiosa es la vida.

4 comentarios en “Día 11. El hermoso Cali.

  1. Qué chulada de perros son los weimaraner. De niño tuvimos dos, eran machos y uno era padre del otro… hermosos no sólo por fuera, ya que eran tiernos, dóciles, juguetones, les fascinaba salir a correr entre árboles, meterse al río, y juguetones, a todo le entraban. Fueron, quizás, mis mejores amigos de la infancia, pero lo supe ya que los había perdido… es decir, cuando de Sinaloa nos mudamos a Tijuana, pero mis padres nunca se los trajeron… les lloré a mares… yo tenía 15, y estuve tentado a subirme a un autobús para ir por ellos, y… te escribo esto llorando, porque ya se me removieron los recuerdos.

    Qué padre tu reto y bonito tu relato de los Fimbre. No los he leído todos (los 11) pero los buscaré. Gracias!!

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    1. ¡Muchas gracias por tu comentario Héctor! Es increíble cómo los animalitos con su sola presencia pueden tocar nuestro corazón y ser parte fundamental de nuestros recuerdos, entiendo tu tristeza. Te mando un fuerte abrazo amigo :)

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  2. De igual forma llego a mi mente el recuerdo de la princesa alemana, la “shainna” una perrita de raza weimaran, que tuve y que por culpa de la pirotecnia en mi pueblo bicicletero, se asusto y salio de la cochera corriendo atemorizada, no la pudimos encontrar luego a los días nos enteramos que la habían agarrado y subido a carro para llevársela, fue triste perderla y desde entonces tengo ganas de volver a tener otro, y mas que son buenos compañeros para caminatas largas, pero hoy día ya tengo 3 perros en casa, y no quiero comprar, solo por adopción es como me hago de mis perros, luego te comparto una foto de ella. Con sus patitas cruzadas con un gran porte de corte real. Saludos. Siempre es grato leer tus líneas.

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