Ella, caminaba por su casa en la penumbra de la noche.

Sólo se percibía el murmullo del refrigerador. La luz de la cocina iluminaba tenuemente el resto de la casa.

Se preparó un té verde mientras contemplaba el árbol navideño con sus luces multicolores. Lo contemplaba mientras pensaba lo distinto de este árbol al de las navidades pasadas. Todos naturales, todos bellos, pero también distintos. Pronto lo tendría que quitar.

Pensó en sí misma y lo que en un año había cambiado.

¿Las cosas habían cambiado o ella las había cambiado? Ya no lo tenía muy claro.

Era como hacerse la pregunta del huevo o la gallina, el caso es que ahora estaba ahí, siendo ella misma pero a la vez otra.

Había dejado de llevar a cuestas la responsabilidad de tener una familia perfecta.

De jugar carreras contra el reloj para ganarle cada minuto y tener a tiempo todo, la cena, la comida del día siguiente, las cuentas de la casa, escuchar y atender todos los males del marido, los problemas de la hija adolescente, los cuidados del bebé. Y aun así ingeniárselas con el tiempo que sobrara para hacer algo por ella con su tiempo libre.

Su tiempo. Eso no existía realmente, su tiempo siempre estaba destinado a alguién mas.

Si no era para su trabajo o familia entonces ella corría a dárselo a las redes sociales. Y ¿qué son las redes sociales si no son distracciones de nuestra vida nada más?

Tuvo que mirar hacia adentro un día para darse cuenta que de tanto dar no había dentro de sí algo para ella, entonces decidió atreverse a rescatar su tiempo para darselo a sí misma, usarlo para resguardarse y nutrirse de nuevo.

También tuvo que aprender a pedir lo que por tanto tiempo ella había suministrado. De sus tres amores solamente uno ya no supo entender cómo era eso que ella solicitaba. A falta de ejercitar el don de dar no recordaba ya… ¿Algún día había sabido hacerlo? No era comprensible todo aquello.

Tenía la taza de té entre sus dos manos, se sentó en el sillón de la sala a disfrutar plenamente del silencio. Dio un pequeño sorbo.

Había aprendido en este año que terminaba una gran lección. Lo tenía claro con una nitidez que no se veía opacada por ningún toque de resentimiento ni amargura.

Fueron meses difíciles pero valieron la pena, estaba segura de ello.

Había sido un año de transformación, de eso no quedaba duda.

Una transformación que aún no terminaba.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s