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El reloj despertador sonaba todos los días a las 6:30 de la mañana.

Gloria invariablemente lo hacía callar de un manotazo para continuar metida entre las cobijas adormilada por el sopor.

Afortunadamente su pequeña hija Michelle acostumbraba despertar antes de las 7 am y terminaba de animar a su mamá para que despertara.

Corría a su cuarto, le daba un beso y le decía:

-Buenos días mami, ¡ya tendí mi cama!.

-Buenos días, qué bien mi niña. Contestaba Gloria.

La pequeña de 8 años se ponía el uniforme, corría a la cocina a desayunar un plato de cereal y al terminar regresaba al cuarto de su madre.

-Mira, ya estoy lista, ¿me peinas?

-Claro que si.

Michelle tomaba el peine de la cómoda, corría a su cuarto por un par de ligas y le decía: “Hazme unas trenzas como las de el otro día mami, pero no me vayas a dejar ni un pelito suelto ¿eh?”

Sentada a la orilla de su cama Gloria la peinaba, le fijaba el cabello con un poco de spray y  le recordaba que fuera al baño a lavarse los dientes.

Mientras Michelle lo hacía ella trataba de arreglarse un poco su propio cabello frente al espejo, calzaba sus pantuflas, tomaba su bolso y las llaves de su carro y salían de casa rumbo al colegio.

La entrada era a las 7:50, llegar mas tarde significaba la posibilidad de que Michelle se quedara fuera así que trataban de ser puntuales.

Antes de llegar a la puerta del colegio su madre le daba un poco de dinero para comprar comida a la hora del recreo. Sin bajarse del carro la despedía con un beso y le deseaba que tuviese un bonito día.

Después regresaba a su casa, revisaba su agenda de citas y si no tenía algo muy importante que hacer regresaba  a su cama de nuevo.

A veces volvía a dormir, pero la mayoría de las veces simplemente se quedaba bajo las cobijas tratando de pensar en nada.

Para las 10 de la mañana se levantaba, se preparaba en la cocina una taza de cafe y se metía a su oficina a trabajar en algún proyecto pendiente.

Desde su reciente separación ella simplemente dejó de interesarse en hacer crecer su pequeño negocio de organización de eventos, lo último que quería era pensar en reuniones sociales, amigos, y fiestas. Dejó de atender buscar o tomar proyectos nuevos y se limitó a terminar los compromisos que ya tenía agendados.

Una vez en su oficina hacía algunas llamadas, solicitaba cotizaciones que después transcribía para mandar por email y se daba un baño.

Cuando ya eran las 12:30 preparaba algo de comer y a la 1 salía a buscar a Michelle a la escuela. Cuando estaba con su hija trataba de actuar de la manera más natural posible, conversar con ella acerca de su día en la escuela, preguntarle por sus amigas, ayudarle a bañarse y a hacer la tarea, ver un rato televisión juntas. Pero una vez que la pequeña cenaba y se iba a dormir Gloria sentía que no tenía mas fuerzas para continuar el día, apagaba todo en su casa y se iba a dormir también.

Durante un año así transcurrieron sus días. Durante un año cortó relación con amigos, y limitó las visitas a su familia al mínimo necesario. No quería ver ni hablar con nadie. El teléfono lo contestaba únicamente cuando sabía que era algún cliente o número desconocido de otra manera lo dejaba sonar y sonar hasta que alguien del otro lado se daba por vencido.

Nunca sentiría más tristeza ni más vacío en su vida que en aquellos días.

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