Hoy como todos los domingos salí de mi casa a las 6 de la mañana a mi cita dominical con el grupo de Corriendo por los cerros. Aún estaba oscuro y hacía mucho frío. El propósito de hoy era correr 25 kms.

A las 7 que empezamos a pesar de que seguía frío el cielo lucía radiante y se podía ver una ligera capa de escarcha blanquecina cubriéndolo todo.

Como guía del grupo tomé una ruta que empieza con una subida pesada y luego mucha vereda con subidas y bajadas menos pronunciadas. Serían 12.5 kms de ida y el regreso por el mismo camino para completar la distancia.

A finales del año pasado un incendio arrasó con toda la vegetación en esos cerritos y ahora que he estado yendo cada domingo he podido constatar cómo, a pesar de la tragedia y la pérdida, la vida siempre encuentra una manera de resurgir con la misma fuerza.

Si bien es cierto, los cerros siguen tristes lleno de ramas carbonizadas, mientras corría iba observando detenidamente todo a mi paso. Incluso en los lugares donde aún huele a quemado, donde solo se ve tierra y rocas, la vida esta ahí,  latente. Después de la lluvia de hace casi dos semanas hay diminutos brotes verdes por donde quiera. Para mí todo eso tiene un mensaje de esperanza, muy alentador.

Mientras corría recordé un tiempo en mi vida después de un suceso en que lo perdí todo. Por muchos días viví aterrada pensando que en cualquier momento yo o cualquiera de la gente que amo podría desaparecer también, bastaba un segundo para que eso sucediera,  me asustaba la idea de semejante fragilidad. Afortunadamente hubo alguien que me hizo ver que así como la muerte siempre nos acecha como una posibilidad ineludible así también la vida puede ser sorprendentemente poderosa. Solo debía confiar en que ese poder era mayor.

Después de llegar al punto de los 12.5 kms prácticamente dimos media vuelta y tomamos el camino de regreso.

Suena sencillo hacerlo pero en la práctica no lo es. Tampoco era mi primera vez  pero volví a sorprenderme cómo cambia la percepción cuando se toma el mismo camino pero en dirección contraria. Aún y reconociendo nuestras propias huellas la vista y todo el paisaje alrededor cambia por completo. No se ven de la misma manera los cerros, no se sienten igual los tramos que eran subidas ahora como bajadas y viceversa, todo es diferente a pesar de que es prácticamente lo  mismo. Me puse a pensar, ¿que pasaría si pudieramos volver la vista atras y experimentar de nuevo todo lo que hasta ahora hemos vivido? Solo verlo, como en una película, sin poder cambiar nada. ¿Veríamos con el mismo drama nuestras grandes tragedias? ¿Daríamos la misma importancia a todo? Quizás no. Tiendo a pensar que minimizaríamos los problemas que muchas veces nos han quitado el sueño y quizás valoraríamos más aquellas pequeñas cosas que muchas veces nos pasaron desapercibidas. Como ahora nosotros que vamos  de regreso, seguramente estaríamos más alertas del camino.

Faltando pocos kilómetros para terminar no pudimos evitar el desconcierto  y sin darnos cuenta perdimos rastro del camino. Lo bueno de todo es que permanecimos juntos y nadie se perdió. Fue cosa de permanecer tranquilos, buscar un punto alto y ubicarnos de nuevo. No sé si eran todas las reflexiones del día de hoy pero en cuanto retomamos no pude evitar sentir una intensa alegría.

Fue un recorrido bastante demandante y satisfactorio, tanto hacia afuera como hacia adentro. Todos regresamos felices después de haber cumplido nuestro objetivo y de haber vivido una experiencia más.

Agradezco a la vida por esta oportunidad.

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