table

Como todos los viernes aquel día también teníamos el plan de salir después del trabajo a tomar unas cervezas.

Pero en lugar de ir al Sótano Suizo como era nuestra costumbre Anthony nos dijo que tenía unos pases para ir a un table dance donde además de no pagar cover nos iban a dar la primer ronda de cervezas gratis. No recuerdo la explicación que nos dio para ello, tampoco hicimos muchas preguntas, todos aceptamos.

Me gustaba el ambiente de trabajo de aquel lugar porque todos nos tratabamos como iguales. No había diferencias de ningún tipo entre hombres y mujeres. Me refiero a esas que hacen que los hombres se sientan con el deber de proteger o cuidar a las mujeres a ese grado en que ponen en evidencia un machismo velado. Así que de la manera mas natural todos estuvimos de acuerdo en cambiar nuestro viernes de Sótano por un viernes viendo chicas desnudarse.

Como siempre, al inicio del plan todos ibamos a ir pero al final no falto quien se disculpara, la cosa es que al final solo fuimos Anthony, Perla, Lalo y yo.

Eran apenas las 6:30 de la tarde cuando llegamos. La primera impresión que nos causó el lugar en cuanto entramos es que estaba completamente oscuro y vacío. A medida que caminamos nos dimos cuenta que era bastante espacioso, tenía alfombra, mesas redondas de cuatro silloncitos y al centro una pista ovalada muy bien iluminada con un tubo en cada extremo. Entre aquella penumbra y la música sexy el ambiente al interior cambiaba inmediatamente y te olvidabas de todo lo que había afuera.

Nos sentamos en una de las mesas frente a la pista y en cuanto llegó una mesera Anthony mostró las cortesías para recibir nuestras cervezas gratis. En la pista una chica bailaba al compas de Purple Rain de Prince mientras se contoneaba frente al tubo. Tenía el cabello lacio y negro hasta los hombros. Sus labios rojos y brillosos así como su tez clara inmediatamente me remitieron a Uma Thurman en la película Pulp Fiction. Bailaba con expresión despreocupada, como si  nadie la viera. De piernas largas, cintura diminuta, pechos exhuberantes la verdad es que  lucía fenomenal. Traía puesto una pequeña falda que apenas cubria sus nalgas y unos zapatos de tacon negro tan altos que me ponian nerviosa cada vez que giraba alrededor del tubo.

Empecé a observar bien todo el entorno y me di cuenta que no eramos los únicos, frente a nosotros del otro lado de la pista había dos hombres en otra mesa conversando. Después de un rato una voz desde el sonido pidió un aplauso para Selene, que abandonaba la pista.

Empezamos a conversar. Nos trajeron las cervezas y un plato con aceitunas sazonadas riquísimas. No escuché bien cuando mencionaron el  nombre de la siguiente chica pero cuando gire mi cabeza vi que ahora bailaba una rubia de cabello muy largo y rizado. Su piel era mas apiñonada y su cuerpo mas atlético. Con cada uno de sus movimientos se podían apreciar fácilmente los músculos de sus biceps y piernas. Vestía una diminuta tanga color coral y un top tipo brasiere del mismo tono. Mas que bailar sus movimientos eran una serie de impresionantes acrobacias en las que subía hasta el techo, se colgaba de un aro, giraba rápidamente y luego bajaba de cabeza al suelo para quedar suspendida con las piernas abiertas. Todo parecía tan sencillo pero obviamente no lo era, tenía muchísima fuerza. Después de un rato de estarla observando me percate que en el lugar ya había mas gente. Cerca de la barra, sentada en una mesa estaba una chica vestida en jeans y sudadera comiendo lo que parecía una torta, algo muy particular. Le comenté a Perla ¿quién puede ser? ¿Será alguna de las bailarinas? Por su sencilla vestimenta no lo parecía pero la familiaridad con  la que comía nos hacía pensar lo contrario. También pude ver que la mesera que nos había atendido abrazaba a un hombre en una mesa muy cercana a la nuestra. Él tenía una cerveza en la mano y ambos charlaban como si se conocieran. Vi que todas las meseras vestían faldas diminutas y se veían como si también fueran bailarinas. ¿Serán bailarinas también? Le pregunté a Anthony. El sólo se encogió de hombros y sonrió.

Lalo me estaba dando su opinión cuando vi que la chica que comía en la mesa que daba a la barra se levantó de su silla, tomó una mochila que tenía en el piso, se la puso en el hombro, caminó hasta la esquina y subió unas escaleras donde la perdí de vista. “Seguramente sí era una bailarina más” Le dije a Perla. “Seguramente comía algo antes de empezar a trabajar”.

Todo lo que veía daba para hacerme muchísimas preguntas pero dejé de hacérselas a los demás. Empezó a llegarmas gente, todos hombres. Pedimos otra ronda de cervezas. Volví a concentrarme en la chica que bailaba en ese momento. Era una rubia de cabello corto con un gran dominio del escenario. Lucía una tanga pequeñísima color dorado y un top negro que apenas cubría sus dos grandes pechos. Me enfoqué en la expresión de su rostro cada vez que se movía alrededor del tubo, lo que hacía me impresionaba. Sus movimientos eran perfectos, no se atisbaba el menor titubeo, la menor duda, mostraba una seguridad impecable. Por un momento sentí que nuestras miradas cruzaron. Se acercó a la orilla de la pista, se inclinó hacia nosotros y nos observó fijamente a todos. Cuando nos dio la espalda pude apreciar una mariposa negra que tenía tatuada justo donde empezaban sus nalgas y que no alcanzaba a tapar su tanga. Tenía una figura francamente envidiable y ejercía un gran magnetismo en el escenario.  Giré mi rostro para ver las caras de todos los hombres que alcanzaba a ver desde mi lugar, sus ojos con la mirada puesta en ella. Al final de su acto el DJ pidió un aplauso, su nombre era Zulema.

Seguimos conversando, salió otra chica a bailar y después de terminarnos esa cerveza Perla y yo fuimos al baño. En el de mujeres había 2 sanitarios pero uno estaba ocupado así que yo entré primero. Mientras orinaba escuché que la persona en el otro salió. Cuando sali vi frente al espejo a la rubia del cabello corto, Zulema. Vestía exactamente con la misma tanga dorada y el top negro, se arreglaba el cabello sin reparar mucho en mi presencia. Al verla de espaldas pude apreciar de cerca su tatuaje, despues me percaté que contrario al cuerpo perfecto que había visto en la pista sí tenía un poco de celulitis. De cerca no impresionaba tanto pero no dejaba de ser bella. Olía a perfume. Cuando me estaba lavando las manos salió Perla. Por el espejo vi también que se sorprendió de verla.

De pronto y sin esperarlo nos dijo: “Y ustedes, dos, ¿De cuál vienen?” Perla y yo nos volteamos a ver, no entendíamos a qué se refería.

-¿Cómo? Le pregunté.

-Si, ¿De qué lugar vienen? contestó.

– Pues… nosotras, del trabajo.  Dije yo, dudando de mi respuesta.

– Ah pensé que también bailaban, dijo ella mientras se lavaba las manos.

Perla y yo volvimos a cruzar miradas sorprendidas. ¿Qué nos acababa de decir? ¿Que si éramos teiboleras? pensé.

La rubia no volvio a dirigirnos la mirada, se secó las manos con un pedazo de papel y salió del baño… empezamos a reirnos.

-¿Qué fue eso? dijo Perla…

-¡No sé! Le contesté yo divertida. ¡Pensó que también bailabamos! Y que veníamos a ver sus números supongo… Y eso ¿Será bueno o malo? ¿Cómo lo tomamos Perlis? ¿Será un halago o un insulto? le contesté yo.

-Si nos vemos así como ella -dijo Perla- no sé para tí, pero para mí es un halago. Una gran sonrisa se dibujaba en su rostro.

-¡Claro que lo es! Le dije divertida mientras salíamos del baño.

En cuanto llegamos a la mesa le contamos a Anthony y a Lalo lo que nos había pasado. Se rieron de nosotras después de escucharnos.

Hasta ahora aquello es lo más divertido que me ha pasado en un lugar de esos.

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