Él: – Punto de reunión Oxxo que está en la línea para cruzar.
      Hora 6:30 am.
      Tipo de terreno es camino ancho bla bla bla bla bla bla bla bla …

Días después, corte a….

Yo corriendo como en una de mis peores pesadillas…. subiendo como en cámara lenta cuesta tras cuesta, todas parecían interminables, la siguiente peor que la anterior, el sol en la cara, ráfagas de viento extremo me volaban la gorra y me tambaleaban, polvo en los ojos, labios, mi boca seca, cero visibilidad.

Y yo pensando… ¿Cómo llegué aquí?

 

La verdad es que hasta hoy yo no conocía a Alfredo. Gracias a que ambos somos corredores y que tenemos amigos en común es que terminamos siguiéndonos por facebook. Esta semana publicó una invitación para correr en Tecate, además de varios amigos y conocidos por azares de la fortuna me invitó a mi también. Como prácticamente todos mis amigos y compañeros del grupo de Corriendo por los cerros iban a asistir a una carrera en la cual yo no tenía pensado participar esta invitación no pudo haber sido más oportuna. De acuerdo a mi plan de entrenamiento hoy debía correr 29 kilómetros y le dije que si hacíamos esa distancia con mucho gusto iba. Cuando nos pusimos en contacto y le pregunté los detalles del entrenamiento me dio toda la información importante. Lugar de encuentro, hora, algunas recomendaciones y características de la ruta. Curiosamente cuando mencionó “camino ancho” creo que dejé de poner atencion, para mí un camino ancho -hasta ahora- era un camino vecinal, generalmente de poca dificultad técnica, posiblemente con algunas subidas y bajadas, nada extraordinario, ERROR.

Confiada en que sería un recorrido tranquilo pero por un lugar nuevo donde nunca había corrido invité solamente a mis amigas Verónica y Mary a que me acompañaran.

Se llego el día y tal como quedamos Vero en compañía de Pancho su esposo, Mary y yo llegamos juntos al punto de partida en Tecate del lado mexicano. Ahí nos encontramos a Alfredo y cruzamos la línea hacia el lado americano. A unos cuantos metros empezamos a correr. La mañana se veía agradable, el cielo azul radiante, el clima ni muy frío ni muy caliente, soplaba un ligero viento, rodeados de cerritos que se veian completamente inofensivos y en condiciones casi ideales emprendimos el camino.

Nos tomó aproximadamente 20 minutos darnos cuenta en la que nos habíamos metido. Desde este momento el hermoso e inofensivo “camino ancho” de mi mente se convirtió en una tortuosa pesadilla.

-¿De dónde salió tanta pinche subida? – pensé.

Tramos parejos no había. La peor de las subidas que corremos en nuestras rutas habituales del Casian no se comparaba en nada a todas las subidas que teníamos por delante. Aquí son tan pronunciadas que mientras las subes sientes que te dan en la cara.

Para hacer el cuadro mas trágico aún, el viento a medida que subíamos soplaba mucho más fuerte. Empezó a sentirse helado. Levantaba tierra y nos golpeaba duramente mientras avanzábamos. Agitadas por el esfuerzo dabamos bocanadas de polvo, el sol secaba y partía nuestros labios, teníamos que parar y cerrar los ojos. Nos tambaleaba. Las torres de alta tensión silvaban de lo que el aire las hacía vibrar. Comprendí porque le llamaban a la ruta “Las Torres”.

Cuando estas ráfagas de viento y polvo pasaban y volvíamos a tomar el paso la imagen de Alfredo dándonos ánimos estaba siempre ahí. Nunca nos dejó solas. Era impresionante verlo. De figura delgada y paso ágil corría hasta la cima de cada cuesta y ahí nos esperaba o se regresaba por nosotras, retándonos positivamente a continuar,  preguntaba como estábamos y cómo nos sentíamos. Gentil y amable, siempre sonriendo.

Yo primero igual, sonriendo, muy confiada, a medida que pasaban los kilómetros, con tanta subida, el viento y los torbellinos de polvo me empecé a sentir de la fregada. “No debí minimizar el nivel de dificultad de esta ruta” pensé. “Fue un error desestimarla solo porque era camino ancho”. Bueno, a decir verdad en realidad pensaba “¡En la madre, esto está de la chingada!”

A excepción de la Rumorosa este es el camino más demandante que he corrido. Mucho más que el Cóndor, mucho más que el Tanamá, mucho más que el camino ancho de Casian, ningún “camino ancho” se compara. Y la ventaja que tiene sobre nuestros caminos, veredas y cañones habituales es que es 100% corrible.

Al final, en lugar de correr 29 kms. Alfredo sabiamente se dio cuenta que quizás no podriamos terminarlos en muy buenas condiciones y decidio que regresaramos antes para terminar haciendo 21K.

Terminamos muertos de la risa de la sorpresa que nos habiamos llevado, nos tomamos varias fotos juntos y nos fuimos a desayunar. Es verdad, él me había explicado fielmente todas las características de la ruta, el nivel de las subidas y grado de dificultad, fui yo la que no había hecho mucho caso. A pesar de tremenda sorpresa agradezco a mis amigas y a Pancho su compañía y confianza, a pesar de todo me la pasé increíble.

Definitivamente un lugar al que deseo regresar pronto ya que me servirá como una excelente preparación para los retos que tengo este año. ¡Quiero la revancha Alfredo! Lección aprendida, no vuelvo a desestimar nada.

IMG_0375

Muchas gracias por llevarnos a conocer nuevos caminos. Todos quedamos muy agradecidos por tu compañía y paciencia, pero sobre todo felices porque sobrevivimos uno de los entrenamientos más demandantes que hayamos hecho.

¡Hasta la próxima!

 

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