Día 70. Arrastrando Las Vegas

Son casi las 11 de la noche y yo me siento feliz de por fin llegar a casa.

Apenas abro la puerta, camino algunos pasos, aviento la maleta y me siento en el sillón. A pesar de todo creo que fue un buen viaje.

Claro, sin contar que mi hermana olvidó pasar por mí al aeropuerto de San Diego como habíamos quedado…. que después de que le llamé por teléfono la tuve que esperar poco más de hora y media afuera con este pinche frío, y yo sin chamarra. Lo bueno que en cuanto me dejó en la línea, después de cruzar arrastrando este maletón (¿porqué llevé tanta ropa?) rápido encontré un taxi libre. Apenas me alcanzó para pagarlo, pero bueno, ya llegué, muy cansada pero feliz.

Tampoco me voy a preocupar ahorita de todo lo que planeamos esa junta de trabajo en Las Vegas para que al final se me hiciera tan tarde. No se me olvida la cara de Gary cuando entré al salón, en eso sí parece gringo, en su extrema puntualidad. Espero para el lunes se le haya olvidado.

Además mañana reviso como quedó mi tarjeta después de que se me terminaron los dolares allá. ¿Cuanto perdí jugando con esas maquinitas del demonio? Y ni que decir de la ensaladita mediocre que me comí en el restaurante hoy, con todo y vaso de agua natural: $30 dólares más la propina. Pero ni hablar…. era lo más barato…Las Vegas estará muy bonito pero cuando te quedas sin dinero le sale lo feo. ¿A quién se le ocurrió comer en ese restaurante tan caro? Al menos no dividieron la cuenta entre todos. Eso fue a las 12, tengo mucha hambre. ¿Habrá algo en el refrigerador para cenar?

Me duele la espalda… apenas puedo creer que Gaby y Sandra me hayan mandado a dormir en aquel sillón, se suponía que me habían tomado en cuenta para las reservaciones de hotel de los dos días de juntas. ¿No había dicho Gary que el avión y el hospedaje iban por cuenta de la compañía?, ¿porqué no tenía yo un cuarto?

Y bueno… ¿Qué habrá sido de Miguel y Angélica? Bonito se rieron de mí estos días, sobre todo él. No sé como tuve la fuerza de pasear, comer, conversar y reír con ellos como si todo fuese de lo más natural, mientras por dentro me moría de tristeza. ¿Pero qué mas podía hacer? ¿Demostrar cómo me dolía verlos juntos? ¿Irme a caminar sola por Las Vegas?

Las cosas que pasan cuando uno aprovecha un viaje de trabajo para llegar dos días antes con el novio y pasear por la ciudad. Obviamente ese era el plan original cuando hicimos las reservaciones, hace 3 meses. ¿Quién iba a pensar que para estas fechas ya no seríamos novios? Y él aún tuvo el descaro de confirmarme que sí iría.  Y yo todavía fantaseando que quizás esta era una buena oportunidad para convivir de nuevo, hablar de nuestras cosas, quizás volver. Nunca  imaginé que pudiera llegar sonriente, con todo y amiguita al viaje que juntos planeamos. Me rompió el corazón.

No. Pensándolo bien ¡este viaje estuvo de la chingada! Con razón estóy feliz de estar en casa. Ya me volvieron a dar ganas de llorar. Ya se me quitó el hambre, solo quiero  dormir.