Día 85. Dentro de mí

Quedate aquí adentro, no te apartes.

Déjame disfrutarte un rato mas , así, en un abrazo eterno.

Haz de mi sexo cálido y abierto tu guarida.

El lugar húmedo y profundo donde se encuentran, mueren y renacen todos nuestros deseos.

Donde tu carne y la mía navegan en un vaivén de olas furiosas que ahora son un mar en calma.

Deja que hablen nuestros agitados corazones ¿los escuchas?

No te vayas aún, quedate aquí adentro.

 

Día 84. Manicomio

 

Me llevan custodiada. Una persona en cada costado.

Estoy en lo que parece una casa, pero yo sé que es algo mas siniestro.

Hacen que me siente. Algo me dicen, no escucho. Sólo se que no hay en ese lugar un rostro familiar.

Me siento muy sola.

A mi derecha hay una escalera de madera muy estrecha. Recuerdo haber estado en este lugar antes. Recuerdo haber visitado a alguien, esa persona pedía ver a sus hijos y yo le tranquilizaba. Esto es como una clínica… o como un…manicomio. Me doy cuenta que yo como ella ya no podré ver a mi pequeño Diego. Me angustio, empiezo a sollozar de forma incontrolable. Las lágrimas me mojan el rostro. Entonces me muestran toda la casa, son solo dos habitaciones en la parte baja y después de subir las escaleras estrechas veo otro par de habitaciones, no hay mas personas. Me dejan sola. Siento mucha ansiedad y desesperación, no me lo dicen pero sé que estoy confinada.

Camino a la puerta, la abro. Afuera un gran valle cubierto de pasto que de forma ondulada se abre frente a mí. Camino, camino cada vez mas rápido. Escucho la voz de Castañeda, me dice: “Vamos a correr Susana, ¡corre! ¡corramos!” No lo veo pero sé que está a un lado mío, empiezo a correr, me siento entusiasmada, correré lo más rápido que pueda, ¡saldré de aquí! ¡Quiero irme, quiero ver a mi niño!. Pero después de algunas zancadas me doy cuenta que no puedo, me faltan las fuerzas, ¡no puedo correr rápido!… Inexplicablemente no puedo….

Me detengo, desconsolada vuelvo a sollozar.

 

Despierto.

Sueño del día 21 de febrero.

Día 83. Ser felices juntos

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Yo creo firmemente en la felicidad como un estado de ánimo que nos permite sortear, disfrutar  y  superar todo tipo de vicisitudes y que se manifiesta de forma inherente en cada persona. Cuando tenemos el corazón pleno y colmado de dicha, entonces nos creemos merecedores de todo lo bueno que nos pase y se pueden manejar las emociones que vienen acompañadas con todo tipo de frustraciones y decepciones de la vida.

Vivir con el corazón pleno no es otra cosa mas que amarse uno mismo, indispensable para poder compartir esa plenitud con alguien mas. A final de cuentas atraemos a nuestra vida no lo que queremos sino lo que somos, lo que esta en sintonía con nuestra energía.

El amor no es otra cosa que procurar la felicidad del otro mas allá de la nuestra. Si el amor es mutuo o  si transita libremente entre ambos individuos pensarán en disfrutar de esa felicidad juntos. No se trata de dar y dar sin medida sin pensar en uno mismo. Tampoco de recibir y recibir sin pensar en el otro. Si yo te quiero y tú a mi, procuraré estar contigo porque me haces feliz y no tendre miedo de disfrutar de esa felicidad. A final de cuentas no deja de ser un acto egoísta pero es un egoismo que se nutre del bienestar del otro. Procurare hacerte feliz porque verte así me hace feliz a mi también.  Entonces seremos felices juntos.

Suena sencillo, ¿verdad?

Día 81. Crisálida

 

Nos gusta pensar que conocemos como funcionan las cosas.

Acomodamos las piezas del tablero y deseamos que permanezcan así siempre. Hemos aprendido a movernos a través de ellas. Si alguien las mueve le culpamos, si las movemos nosotros esperamos del otro comprensión incondicional.

Lo que nunca tomamos en cuenta es el cambio.

Todos los días cambiamos. Todos los días cambia el mundo allá afuera. Después de un tiempo ya no sabemos si cambiamos nosotros o cambiaron los demás, lo que sí sabemos es que todo ahora es lo que no era. Doloroso sentir que con nuestros viejos planes mueren también nuestras certezas y creemos perderlo todo. Nos inmovilizamos. Cerramos los ojos esperando el final y lo que descubrimos es un nuevo comienzo. Lo que nos dolía antes ya no duele, ha dado paso a cosas, ilusiones y alegrías nuevas.

Volvemos a disfrutar de nuestra realidad, a sentir que pertenecemos por completo a este ahora.

Estamos en un lugar lleno de luz y de vida. El mundo es el mismo pero a la vez es diferente. Tratamos de redescubrirnos pero en realidad somos otros.

No nacimos para cumplir un destino, ni nuestra existencia ha sido una coincidencia.

En nuestro camino solo reconocemos una conciencia, la que nos trajo hasta aquí.

Un propósito de vida, que nos impulsa y mueve.