91. El paso del pentatlón

pentatlon

Había una vez una niña de aproximadamente 10 años. Tenía un hermano 1 año y medio menor que ella con quien era prácticamente inseparable, jugaban los mismos juegos, hacían las mismas travesuras y les gustaban las mismas cosas. Todo el tiempo andaban juntos.

Un día, al niño, que para efectos de la historia  llamaremos Pepito, se le ocurrió entrar al pentatlón, no sabemos cómo se enteró que eso existía pero era una práctica que se realizaba los domingos en la única unidad deportiva que había en la ciudad, el Parque de la Juventud. Como su papá lo apoyaba en todo deporte en el que el niño deseara incursionar inmediatamente le dijo que sí, el próximo domingo lo llevaría. La niña, que para efectos de este relato llamaremos Lucy escuchó aquello y dijo que también quería ir. No tenía idea de qué se trataba pero como Pepito iba ella quería ir con él. El papá no estaba muy convencido de que también participaran niñas pero dijo que de ser así, ella también podría participar.  El domingo muy tempranito los despertaron sus padres. La práctica era los domingos y comenzaba a las 7 de la mañana, aún mas temprano que los días que asistían a la escuela así que con sueño y flojera pero Lucy se alistó igual que su hermano y a las 6:30 de la mañana salieron de casa con su papá.

“Claro que sí, el pentatlón es para hombres y mujeres”, Lucy escuchó a un señor que parecía un soldado contestarle a su papá cuando preguntó. “¿Hombres y mujeres?¿Qué no somos niños?” – pensó ella mientras miraba a todo el grupo de chiquillos empezar a agruparse.

En fin, contenta de poder estar con su hermano se quedó a la práctica.

Pero en cuanto se fue su papá la llevaron con el grupo de las “mujeres”. Niñas casi todas de su edad, algunas pocas mas grandes o mas altas, no supo en realidad pero todas muy serias y uniformadas con pantalón negro y sudadera blanca empezaban a hacer una formación, se veía que ninguna era nueva como ella. Una “mujer soldada” que no parecia niña pero tampoco señora, estaba a cargo de ese grupo y siempre iba acompañada de otras niñas un poco mayores a Lucy que la seguían a todas partes, eran como sus asistentes. Después de indicarle a Lucy cual era su lugar se pusieron todas a marchar. Mientras marchaba no dejaba de verlas. ¡Qué raras eran! Aquello parecía un cuartel. Qué diferentes era esa mujer soldada a las monjas de la escuela. Y qué diferentes las demas niñas a sus compañeras de clase. Aquí no había faldas, ni coletas con moños, ni caras bonitas. Todas parecían listas para pelear. ¿Estarían enojadas por madrugar tanto o porqué la seriedad?

Con ese primer día Lucy supo de qué se trataba todo aquello. Aquel primer domingo descubrió que el pentatlón se trataba de ser como soldados, listos para cualquier adversidad, en preparacion física para un campamento que tendría lugar en La Rumorosa. Lo de ser soldada le parecía de lo más tonto cuando ella no dejaba de verse como una simple niña y veía a las demás de la misma manera en su papel de temibles y experimentadas soldadas. Sus caras serias y su furia en las pruebas que realizaban impecablemente no la impresionaban. Lo que sí la entusiasmó muchísimo fue la idea de salir de la ciudad con aquel grupo de soldados y soldadas, lanzarse a la aventura, lejos de su casa y pasar la noche durmiendo en una casa de campaña. Eso lo había visto únicamente en las películas y desde entonces fue su mayor ilusión. No le importó madrugar los domingos que fueran necesarios, ella quería prepararse y ganarse el lugar de asistir a semejante travesía. Hizo su mayor esfuerzo por correr sin quedarse atras en la fila, por aprenderse el salto de campana, el del tigre y todas las maromas y piruetas que le enseñaban, estar firmes y marchar lo que fuera necesario sin quejarse y sin descansar, todos los domingos ahí estaría.

Hasta que llegó la fecha. Era en el mes de mayo. A ella y a Pepito al final de uno de aquellos domingos les entregaron un listado de cosas que tenían que llevar en dos semanas para salir a la excursión: sleeping bag, mochila, cantimplora, lámpara, pilas, botas, etc. Lucy se imaginaba como toda una exploradora cargando con su equipo a traves del desierto.

Triste fue su desengaño cuando al llegar a casa sus papás le dijeron que ella no podría ir. “Esas cosas no son para niñas Lucy, es muy peligroso para ti. Solo los niños pueden ir”.

A pesar de que los padres sabían perfectamente que tambien iban mujeres no hubo ruego suficiente que les hiciera cambiar de opinión.

Tampoco hubo argumento o explicación suficiente que aliviara la desolución que sentía Lucy por ser una niña y no poder hacer algo que su hermano sí podía.

Tuvo que ver todos los preparativos y compras que se hicieron para que Pepito asistiera. Admirar sus botas nuevas, su sleeping, su mochila, todo. Aun así sus sentimientos nunca fueron de  envidia, solo una profunda decepción.

Nunca más quiso volver los domingos al Parque de la Juventud y para su suerte su hermano tampoco. Él regresó contando que aquella excursión había sido demasiado pesada, todo un martirio. Indiferente Lucy ya no puso atención a los detalles de su experiencia, ya no importaban.

Así marchando el pentatlon salió de su vida.