Día 93. Correr y enamorarse

¿En qué se parecen correr por el cerro y enamorarse?

Cualquiera que entrena o participa en carreras de cerro o montaña sabe perfectamente que es algo difícil pero lleno de satisfacciones.

Igual que cuando empiezas a salir con alguien vas fascinado admirando los majestuosos paisajes, con mucha adrenalina e ilusión. Te sientes motivado por la novedad, inspirado y sobre todo fuerte. Pero a medida que vas avanzando te das cuenta que no es nada fácil. Tarde o temprano aparecen las cuestas, los caminos empedrados, las barrancas y despeñaderos… empiezas a ver tu suerte.  A medio entrenamiento te sientes cansado, quisieras abandonar pero no tienes ni puta idea a donde más podrías ir enmedio de la nada y sigues…. sigues… hay que aguantar hasta llegar al final. Podrás echar madres, maldecir tu suerte pero tarde o temprano tendrás que aceptar que estas ahí porque tú así lo quisiste y por tu propio pie saldrás de ahí. Te sientes morir. Entonces piensas que de sobrevivir a la experiencia nunca mas volverás a pasar por todo esto. “Definitivamente esto no era para mí. No vuelvo nunca más. Es demasiado”.

Pero ¿qué pasa en la realidad? Terminamos de correr o termina nuestra relación, descansamos, nos reponemos del dolor de semejante experiencia y tarde o temprano nos decimos “Valió la pena el cansancio, valió la pena el esfuerzo, pensándolo bien no fue tan difícil. Es algo maravilloso”. Entusiasmados y llenos de energía regresamos, y en cada carrera, en cada entrenamiento, en cada relación, aprendemos algo de nosotros mismos y nos hacemos más fuertes.

Se necesita ser muy valiente para regresar al cerro después de haber terminado totalmente exhausto, así como para volver a tener fe en el amor despues de un gran tropiezo.

Enamorarse y correr en el cerro se parecen en que  son sólo para valientes.