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Fotografía de Agustín Rivera

Ayer, como todos los domingos fue día de correr por los cerros.

Después de algunas lluvias en dias recientes a la hora de hacer el plan para este entrenamiento no tomé en cuenta que los caminos posiblemente estarían lodosos y al llegar allá y empezar a correr eso fue lo que nos encontramos.

A pesar de que la ruta que decidimos tomar era un camino vecinal apto para todos los niveles de corredores desde que iniciamos nos encontramos charcos de todos los tamaños y profundidades.

Para el kilómetro 4 además de la famosa cuesta llamada “la Rumorosita” por su grado de dificultad lo que nos encontramos fue un camino completamente fangoso. Difícil era seguir corriendo por el extremo cuidado que había que poner en cada paso. Imposible correr y aún caminando los zapatos completamente enlodados pesaban mucho mas de lo habitual provocando que el esfuerzo fuera mayor. En ese punto nos encontramos a un ciclista que venía de regreso y que nos comento que más adelante el camino estaba igual o peor para correr.

Me detuve y consideré seriamente si era una buena idea seguir avanzando pero después de pensarlo un poco decidí continuar para ver por mi cuenta el camino.

Afortunadamente, para el kilómetro 9 las condiciones empezaron a cambiar. La tierra era más dura y prácticamente sin fango ni lodo, así que sin problema varios pudimos  cumplir con la distancia que en un inicio nos habíamos propuesto.

Hoy Agustin, uno de mis amigos que hizo el mismo recorrido publicó en sus redes sociales una fotografia que tomo en este trayecto. En ella se puede apreciar un pequeño lago del lado izquierdo frente a unos cerros que se ven a lo lejos y a un lado un enorme prado completamente verde con unos cuantos pequeños arbolitos descansan bajo un cielo azul y unas nubes que lucen gloriosas iluminadas por un sol radiante. Un espectáculo simplemente majestuoso. Vi la fotografía y admirada de aquella hermosa imagen pensé “por ahí corrí y no vi nada”.

Esto me hizo reflexionar cuántas veces no pasamos por alguna situación y lejos de ver todo el panorama nos enfocamos únicamente en lo difícil o en lo feo del camino. Por supuesto que lo hacemos porque representa las adversidades que hay que sortear en ese momento, pero estoy segura que si nos detenemos un poco y levantamos la vista para ampliar nuestra visión nos encontraremos con muchísimas cosas buenas y dignas de admirar que harían mas llevadero cualquier trayecto, por más difícil que nos parezca.

Sería una tristeza que por ir viendo el lodo del piso perdamos de vista el increíble paisaje que a diario nos brinda la vida.

 

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