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El día de ayer 27 de marzo tuve la oportunidad, invitada por la Escuela de Espectadores de Teatro de asistir a mi tercer obra de teatro, “Divino Pastor Góngora” de Jaime Chabaud, prsentada en el Centro Cultural Tijuana como parte de la celebración por el Día Internacional del Teatro.

La obra es un monólogo interpretado magistralmente por José Sefami quien da vida a un cómico teatral itinerante de la epoca virreinal que cae preso tras participar en una obra con el tema de la insurrección por lo que termina acusado y juzgado por la santa Inquisición.

Dentro de la prisión donde se encuentra, a lo largo de la obra Divino Pastor Góngora hace alarde de todos sus dones histriónicos para platicar con otros presos -representados en la obra por el público de la sala de teatro- acerca de sus peripecias y de la historia que desembocó en su aprisionamiento. La magia de la obra es que vemos a un actor dando vida a otro actor que para evadir el encierro cuenta apasionada y vehementemente la historia que dio lugar a su suerte por medio de la actuación, el canto, el baile, la comedia y el drama. Así es como personifica a su maestra de actuación, a un homosexual, al alcalde, al inquisidor Fernandez de Ceballos y a una joven dama de la cual termina perdidamente enamorado y que también juega parte importante de su final captura.

Tremenda actuación, pletórica de energía la que ofrece Sefami. Mi única objeción sería que en ocasiones me era difícil entender o escuchar bien algunas de sus frases y expresiones. Y es que la obra utiliza un lenguaje propio de la época, que el estilo del diálogo me parecía por momentos un tanto dificil de entender.

La producción, a pesar de ser minimalista contaba con elementos clave para transportarnos con muy pocos objetos al lugar y a la acción del momento. Un pequeño tapete polvoso, una carreta versatil que incluía un pequeño banquillo y una mesa, acompañados de una iluminación efectiva y de algunos elementos sonoros precisos realizaron una perfecta ambientación en el escenario. Lo más sobresaliente de toda la obra era el mismo Divino Pastor, ataviado perfectamente como un actor de la época.

En general la obra me gustó. Por alguna extraña razon no la encontré tan divertida como mucha gente que a mi alrededor disfrutaba a carcajadas.

A mí me pareció buena y el trabajo del actor impecable.

 

 

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