Día 123. En blanco

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La luz de la mañana se coló por la ventana y le golpeó la cara.

Lentamente abrió los ojos y como si fuese la primera vez que reparaba en ellas, contempló por unos segundos el vaporoso material de las cortinas que colgaban frente a su cama.

Conciente de los rayos del sol, exaltada,  se incorporó en la cama.

Tomó su reloj de mano que descansaba en la mesita de noche y vio que eran las 7:25 de la mañana.

Le parecía que era tarde… pero  esos números no le decían nada “¿Tarde para qué? ¿Qué día es hoy? ¿A dónde debo ir?”

Su mente era un lienzo en blanco. Tenía la sensación de que debía darse prisa pero…. por más que se esforzaba, no sabía para qué….

¡¿Que tengo que hacer? ¿A donde debo ir?! Un desasosiego empezaba a apoderarse de ella cuando de pronto entro su madre a la recámara.

-¡Laura! Ya es tarde….

-Si, pero, no sé… – Empezó a sollozar.

-¿Qué te pasa? Qué tienes?

-¡Mamá! No lo sé… ¡No sé a donde debo ir ni qué tengo que hacer!.

-Ay Laura, sólo se te hizo tarde…. Son tantas desveladas, estás muy cansada. Todas esas noches haciendo tareas escolares te tienen así. Tienes clase a las 8 de la mañana hija y ya se te hizo tarde.

Inmediatamente ella lo recordó todo, pero ese despertar sin una identidad fue la visión mas aterradora que experimentó en su vida.