Tercera parte de este texto.

A raiz de mi divorcio todo lo que tenía se fue al carajo.

Sí, hablo principalmente de lo material claro. Mi casa, y todo lo que tenía en ella, a la chingada, desapareció de un día para otro.

Cuando me salí solamente me llevé una maleta con mi ropa. Eso y la camioneta.

Habían sido 15 años de un matrimonio muy a huevo, y ya estaba todo muy jodido. Fue Sara la que decidió que ya no más y no la culpo, ninguno de los dos era feliz.

Me fui a vivir al depa que tenía en venta uno de mis socios. El plan era estar ahí un par de meses en lo que yo encontraba otra cosa pero después me gustó y ahí me quedé. Terminé comprándoselo.

Fue muy difícil en un principio. Me sentía de la chingada, extrañaba mucho a mis hijas y de mis amigos los únicos que conservo fueron mis socios. Todos los demás, los que Sara y yo teníamos en común, incluyendo a los compadres, por seguirle el rollo a sus esposas, se solidarizaron con ella, me dieron una patada en el culo y se alejaron de mí. Pinches putos.

Pues sí, no lo niego fui un cabron. Le fui infiel un chingo de veces pero no me arrepiento de ninguna. Desde hace muchos años era un pedo tener sexo con ella y eso a mí me daba mucho en la madre. Ella lo sabía, siempre se lo dije, se lo pedí, se lo rogué, al principio acepté sus condiciones que ya luego eran simples y llanas manipulaciones, hasta que de plano me empezó a valer madre todo eso. Es desgastante. Prefería que ella hiciera su vida y yo buscar con quién. Sin tomar en cuenta eso, pues si, nos llevabamos bien, pero pues termina siendo una chingadera de matrimonio. ¿Quién quiere eso? Sí, quizás por coraje, o resentimiento pero terminó valiéndome madre que ella se diera cuenta que tenía sexo por mi cuenta. Que disfrutaba mas mis viajes de trabajo y vivir en hoteles que estar un fin de semana con ella en la casa y que cuando estaba lo hacía por tener cerca a mis hijas no por ella. No me siento culpable en lo mas mínimo, sólo buscaba lo que ella no tenía interes en darme. Está muy cabrón vivir tantos años así.

Después de algunos meses me mandó a su abogado, le firmé todo lo que quiso y se acabó. A mis hijas sí las veo cada que estoy en la ciudad, a ella no la he vuelto a ver ni quiero.

En este tiempo he trabajado y viajado como un pinche desquiciado.

Nos acaban de firmar la construcción de un parque industrial en el Bajío, y otro aquí en Tijuana. Estamos en pleno crecimiento. Tenemos trabajo asegurado para varios años.

Lo primero que hice cuando empecé a acondicionar este departamento fue recuperar mi biblioteca personal, ahí la llevo. Después de no tener ni un libro poco a poco voy reconstruyendo mi colección  Hoy le compré a una chava tres libros de Francisco Martin Moreno, pero tiene muchos más que me interesan.

Estoy en una etapa más tranquila, cosas chingonas están pasando.

 

continuará…

Un comentario en “Día 132. El aroma de los libros

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