Capítulo 8.

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Desperté en una espaciosa y confortable cama. La temperatura era perfecta. A pesar de que había llegado tarde y muy cansada la noche anterior, me había costado trabajo conciliar el sueño hasta que me di cuenta que era mi pijama de franela la que me tenía acalorada.

Ahora, semidesnuda y despierta en la habitación 808 del Hotel Grand Fiesta Americana Chapultepec, observaba el reflejo de la luz colándose por el gran ventanal mientras pensaba que era un lindo cuarto, y un desperdicio no poder estar disfrutándolo acompañada.

Habían sido 3 días de intenso trabajo. Gary y su reunión anual de brokers me había dejado exhausta. Además de ser la responsable de la agenda del evento y de preparar todo el material que se presentó, a última hora me pidio exponer algunos temas, además de atender a unos invitados especiales del corporativo de Estados Unidos. Si bien es cierto que desayunamos, comimos y cenamos como reyes, durante aquellos tres días no había tenido un solo momento de descanso para mí. Ahora era ese momento.

Era sábado y no tenía ninguna otra cosa que hacer más que descansar.

Recordé que me había quedado sola en aquella gran ciudad. Todos habían comprado vuelos para regresar hoy temprano y yo había sido la única con la excelente idea de elegir un vuelo de regreso para el domingo temprano, y así aprovechar un día más para “turistear”. “¡Turistear!” Si aquí no conozco a nadie. ¿En qué había estado pensando?

En el fondo quizás no era tan aventurera como quisiera. Empecé a acariciar la idea de quedarme todo el día en el hotel pensando que mi cansancio lo ameritaba.

Después de no sé cuanto tiempo me levanté de la cama y caminé hacía la enorme ventana. Abrí las cortinas y dejé que el sol invadiera con sus rayos la habitación.  La vista era majestuosa.  A mis pies, frente a mí tenía el bosque de Chapultepec. Me quedé contemplando un rato el panorama. Era un hermoso día. Estaba sola, pero lejos de sentirme mal por ello ahora me sentía increíble. Algo en aquel paisaje cambió totalmente mi estado de ánimo y decidí salir.

Después de darme un baño bajaría a desayunar algo y en la recepción del hotel pediría recomendaciones para llegar a Coyoacán y a Chapultepec, si bien eran los únicos lugares que conocía, bien valía la pena volver a ellos.

Si Chapultepec no estaba tan lejos como parecía me iría caminando y a Coyoacán tomaría un taxi desde el hotel. Visitaría librerías y pasaría la tarde leyendo libros en algún café. Aprovecharía al máximo ese día.

La sola idea me entusiasmó y empecé a desnudarme mientras caminaba al baño.

Continuará…

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