Me sorprende mucho cómo en pleno siglo XXI aún hay mujeres que se creen los cuentos de hadas. Que admiran la vida de lujo y comodidad que la poca “realeza” que queda en el planeta puede ofrecer a un puñado de humanos.

Todo esto viene a colación a raiz de la reciente boda real entre el principe Harry (sexto en la linea de sucesion al trono de la realeza britanica) y Meghan Markle una actriz estadounidense de ascendencia afroamericana, divorciada y “plebeya”.

Y no es que a mí me guste seguir ese tipo de noticias ni eventos, pero con esas particularidades la chica se hizo muy famosa y empezó a circular en las redes sociales imágenes y videos donde se demostraba que además de bella es una mujer inteligente, independiente y con fuertes ideas y activismo en pro de la equidad entre hombres y mujeres.

 

Este es un inspirador discurso que presentó ante la ONU acerca de una niña que vio los prejuicios que mucha gente no alcanza a ver en toda su vida e hizo algo para cambiar las cosas, muestra a una persona con mucha audacia, iniciativa y valentía.

Después vino la boda real, un evento social televisado a nivel mundial, visto por millones de personas, principalmente mujeres. El joven y apuesto príncipe, el larguísimo vestido de la novia, la corte nupcial, la reina, los invitados, la realización del cuento de la chica que sueña con un príncipe y al final termina casándose con él.

Y yo no estaría escribiendo de esto a no ser porque después vi otro video acerca de las 10 cosas a las que Meghan Markle tuvo que renunciar para convertirse en esposa del príncipe. La lista me dejó helada, entre lo que mas me sorprendió estaba su libertad para decidir cómo vestir, su profesión e independencia económica producto de su actividad empresarial, su nombre, su voz política, su religión y hasta a su mascota.

Lo primero que pensé fue “Entonces, ¿qué le va a quedar de su vida?” Si te quitan tu nombre, las actividades que disfrutas, tus gustos y preferencias… ¿qué eres?” Para mí, estas cosas no son menores y táchenme de fría y egoísta pero yo no renunciaría a ninguna y menos por amor, para mí el amor es libertad.

Por supuesto que la mayoría de las personas lo ven como algo natural y totalmente justificable porque, estamos hablando de la “R E A L E Z A” y de un acto “voluntario” de amor, y como decían los memes que circularon en las redes sociales “la mujer no tendrá que lavar un plato en su vida!”

O sea, ¿De verdad mujeres? ¿Es neta? Por una vida de comodidades y lujos, por un título nobiliario ¿dejarían de ser quienes son? ¿Eso vale su persona, su libertad y su independencia? ¿Es neta? No dejo de sorprenderme.

Yo me pregunto, ¿Desde cuando amar implica dejar tu nombre a un lado, tus convicciones y tus gustos?  No les parece que ya tiene muchísimo la lucha feminista como para estos sucesos? ¿Acaso no se ha logrado nada? Si esto sucede en primer mundo, ¿qué podemos esperar en otros lugares? ¿Se trata de amor o se trata de posición económica y social? O ¿de qué se trata esto?

En fin, aunque yo no comulgo con todas estas ideas, respeto su decisión. El feminismo defiende este derecho, el de toda mujer a decidir que ser y hacer, solo deseo que ese amor y esa decisión pueda de alguna forma conciliarse con las ideas de aquella niña que tenía aspiraciones por un mundo mucho más igualitario entre hombres y mujeres. La historia nos lo dirá.

 

 

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