Día 150. Manifiesto

Que nadie nunca nos diga que no podemos.

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Podemos coger con quien nos plazca, comprar y traer condones en la bolsa “por si se ofrece”. Podemos vestirnos como nos de la gana, ropa sexy y ajustada, ropa que diga “hoy tengo ganas”. Podemos tomar la iniciativa y decir “hoy quiero sexo”. Podemos salir a divertirnos, solas o acompañadas. Podemos desear tener ningún compromiso. Podemos decir te quiero pero no para casarme contigo. Podemos hacer el amor y ser cursis. Podemos decir hoy no quiero, mañana tampoco. Podemos decir me caes bien pero solo como amigo. Podemos ser ambiciosas y querer estar solas. Podemos querer estudiar y aprender más. Podemos aspirar a ese puesto directivo o gerencial. Podemos ser más rápidas, más independientes y más proactivas. Podemos tomarnos nuestro tiempo para pensarlo. Podemos decir si. Podemos decir no. Podemos hacerlo nosotras mismas y si no es así podemos pedir ayuda sin sentirnos menos. Podemos reir a carcajadas, ir al grano, hablar como querramos. Podemos no desear tener hijos en este momento o podemos no desearlos nunca. Podemos arrepentirnos de eso que hicimos, podemos pedir disculpas, podemos aprender de nuestros errores. Podemos abortar si así lo deseamos, eso no nos hace mejores ni peores. Podemos decidir a donde vamos, con quien y cuándo. Podemos aceptar nuestros instintos y actuar con total autonomía y responsabilidad Podemos ser lesbianas, bisexuales o heterosexuales. Podemos disfrutar del sexo y las orgías. Podemos decidir que queremos ser madres. Podemos amar y podemos tambien abandonar. Podemos ser fieles y podemos ser infieles. Podemos salir y divertirnos. Podemos quedarnos a leer en casa y cocinar para la familia. Podemos explorar nuestro cuerpo y todas nuestras opciones de vida. Podemos casarnos y tambien podemos decir basta, me voy. Podemos dar a luz como nosotros decidamos. Podemos parir y podemos amamantar. Podemos amar a nuestros hijos y dar la vida por ellos. Podemos tener nuestro propio dinero y viajar por el mundo. Podemos tener la figura que deseamos y amarnos tal y como nos vemos. Podemos darnos placer y podemos desear que nos complazcan. Podemos dar y recibir placer. Podemos exigir los mismos derechos que otros hombres y mujeres. Podemos competir, podemos perder y podemos ganar. Podemos hacer daño y podemos defendernos. Podemos pelear y podemos ser amigas. Podemos abrirnos y podemos esconder nuestros sentimientos, podemos llorar, mostrarnos fuertes o mostrarnos vulnerables. Podemos superarnos, podemos ponernos límites y podemos romperlos cuando nos hayan cansado. Podemos ser feministas y podemos enamorarnos. Podemos ser sumisas y podemos rebelarnos, pero solo porque así lo queremos. Podemos discutir, podemos pedir, reclamar o exigir. Podemos hablar, buscar y demandar. Podemos buscar el silencio y la soledad. Podemos parar y  descansar.Podemos aceptarnos y buscar ser felices. Podemos ser mujeres, en total libertad.

Día 149. Reseña de la obra “Aeropuertático, un monólogo sobre alas”

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Una obra para niños pero que toca las fibras mas sensibles de los adultos. 

Trataré de ser lo mas objetiva posible al hablar de esta obra. Francamente en este mes es la segunda puesta en escena que me llega de un modo muy personal. De la primer obra no pude escribir, bueno, nisiquiera lo intenté. Pero esta me parece muy especial, asi que tratare de hacerlo.

Con un texto del dramaturgo Jorge David Muñoz Luisillo, Aeropuertático es un monólogo que nos abre el corazón de la infancia ante una pérdida. Presentado en Teatro Las Tablas con la increíble, fantástica e impresionante actuación de Kariam Valenzuela como Vanessa, la pequena niña de 10 años que recien perdió a su abuela, esta obra abrazó mi corazón y lo hizo temblar de emoción.

Con la magistral dirección de Ramón Verdugo la obra es un regalo en todos los aspectos. Todo, la escenografía por ejemplo es entrañable. Te lleva hasta el pequeño rincón que puede construir una niña con su imaginación, donde cada papelito puede ser toda una obra de arte, una creación, puede tomar vida propia dentro de una historia…. Despues, la excelente mancuerna entre una buena musicalización con un estupendo diseño de iluminación pueden hacer verdadera magia ante nuestros ojos. Magia es la palabra, eso es lo que vi, que el mundo de los niños es magia pura.

Lo sorprendente es que al comienzo la obra va muy liviana, muy alegre, ligera. Vanessa es una niña que platica con su “buelita”. Le cuenta las cosas que le pasan en la escuela, le confia todos sus sentimientos, y le hace partícipe de su interés -casi obsesión- en llegar a volar a traves de los aeroplanos que ella misma construye con papel. Todo inicia como un juego donde somos testigos de esas simpáticas “conversaciones” y confidencias. Hasta que empiezas a entender que “buelita” se ha ido para siempre y que ese anhelo de volar no es otra cosa mas que la manera que tiene Vane de acercarse a ella y también un poco de escapar de la soledad. El mundo de los niños aparentemente es tan calido y brillante que en un principio no te imaginas lo profundo y doloroso que puede llegar a ser.

El resultado no me lo esperaba. En todos los aspectos la obra es sublime. Nada pretenciosa logra cosas absolutamente increíbles en el sentido de mover sentimientos que como adultos pensabamos que ya teníamos enterrados y encerrados hasta el sótano de nuestros recuerdos. Esa sensación de no querer soltar a alguien, de querer mantener un lazo vivo, de impotencia, de lo irremediable, de lo que cambió para siempre…. Se que no fui la única espectadora que término conmovida hasta las lágrimas, casi todos lo estábamos.

Curiosamente es una obra que precisamente por el lenguaje y temática es totalmente apta y recomendable para niños a partir de los 6 años. Sentada en una silla frente a mí se encontraba una niña, quizas de poco mas de 6 años y yo la veía totalmente asombrada con toda la puesta de escena. Así que es un trabajo que recomiendo ampliamente para todos mis amigos con niños, estoy segura que ellos lo veran de una manera muy fresca y animada y sentirse identificados por la manera de hablar y contar las cosas que le pasan a Vanessa.

De nuevo agradezco muchísimo la invitación y la fortuna que tengo de pertenecer al grupo de Escuela de Espectadores de Teatro, cada día valoro mas la oportunidad que se me brinda para presenciar espectáculos con esta calidad. Muchas felicidades a todo el equipo de Tijuana Hace Teatro.

¡Muchas gracias!

Día 148. Reseña de la obra “Kiwi”

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El viernes pasado por invitación del grupo Escuela de Espectadores de Teatro al cual me siento muy honrada de pertenecer este año, tuve la fortuna de asistir a la obra de teatro “Kiwi” montada por la compañía Tijuana Hace Teatro en Teatro Las Tablas y que trata acerca de los niños en situación de calle y de todo lo que tienen que hacer para sobrevivir en una gran urbe que los margina donde lo mas importante es la próxima realización de un evento mundial como son los juegos olímpicos. Con las muy gratas actuaciones de Nadia Lopez y Luis Calva interpretando a  Kiwi y Litchi respectivamente, niños que para olvidar el mundo que dejaban atras al ser abandonados eligen un nuevo nombre que puede ser una fruta o un vegetal.  Esta es una obra que innegablemente me llevó a traves de presenciar situaciones tan tristes y duras como son el abandono, la marginación, el hambre, la delincuencia, la prostitución y la drogadicción, a reflexionar mucho mas acerca de esta problematica que lamentablemente existe en la mayoría de las grandes ciudades de nuestro planeta. Los dos actores protagonistas entregan una actuación muy fresca y sencilla, bastante efectiva.

Con una creativa y muy original producción -como todas las puestas en escena de Tijuana Hace Teatro-  la obra esta llena de elementos que crean la atmosfera justa para llevarnos de la mano, en un sube y baja de emociones. Justo es el caso de una gran pizarra en el fondo del escenario donde poco a poco se van dibujando los sueños y dramas de nuestros protagonistas. De igual manera a lo largo de toda la obra no hay momento en que no interactuen con bultos representando las cargas emotivas que deben llevar, rodar, arrastrar y de las cuales suben y bajan constantemente. Realmente pude experimentar el agotamiento de vivir en la sozobra, de padecer el frío y el hambre de los protagonistas y es gracias a todos estos detalles muy bien logrados. Magnífica realización y dirección de Ramón Verdugo.

No puedo dejar de mencionar a mi juicio el elemento mas destacable sin el cual el resultado definitivamente no sería el mismo, este fue la original sonorización a cargo de Luis F. Gallego que a través de percusiones con sencillos objetos marca el ritmo y la tensión de cada línea de diálogo en toda la obra.

En general la obra es muy conmovedora, tiene un lenguaje muy bonito, muy poético, realmente lo viví todo, la ilusión, la esperanza, la inocencia, la ternura, hasta la desolación, la tristeza, la furia y el dolor de dos niños que soñaban con volar como los patos blancos que veían en el cielo, ajenos al mundo cruel en el que vivían.

Fue un gran privilegio haber asistido a este fin de temporada. ¡Muchas gracias!

 

Día 147. 14 días

Hace algunos días pasé por dos semanas en las que la muerte fue tema recurrente en mi mente.

Lo que inició como un examen médico de rutina terminó con algo “raro” que el médico vió, así que decidió realizarme una biopsia para analizarla con mayor detenimiento y así estar “seguros”.

De esa visita de “rutina” salí adolorida, confundida y totalmente impactada.

O sea que…. ¿Yo también puedo morir?

¿Acaso la muerte no era eso que solamente les pasa a los demás?

A diario escucho en las noticias que se muere alguien. ¿Porqué no habría de pensar que un día de estos yo podría morir?

Qué curioso cómo algo tan obvio y cotidiano de pronto es tan sorprendente ¿verdad?

A partir de ese día, los siguientes 14  tomaron un sentido que sigo asimilando.

Todo esto me acercó muchísimo al recuerdo de los últimos días de mi padre. ¿Qué tan consciente estabamos todos de que su partida era inminente? ¿Sentiría el mismo miedo que ahora siento yo? ¿Y a que tengo miedo yo?

Entonces empecé a ver el mundo con ojos nuevos.

 

Dejé de ver hacia atrás para contemplar cada día como lo que realmente es, un hermoso presente. La oportunidad única de apreciar el mundo desde todas las cosas. De amarlo todo. De darle sentido a todo.

Entonces tomó otra dimensión todo lo que pasaba frente a mis ojos. No hay cosas “buenas” o “malas” que pasan, todo, simplemente es parte de vivir.

De ser parte de esta experiencia que nos llena los sentidos, la mente, presente en todos nuestros espacios, en la cual estamos totalmente inmersos y que nos invade y nos hace pensar que nosotros somos la vida. Pero no es así.

La vida es eso que pasa a través de nosotros, y continuará estemos vivos o no.

Al tratar de entenderlo  terminé por descubrir que tenía el tiempo justo, sea el que fuera, dispuesta para seguir amando, para abrazar la vida al máximo y un millón de razones para valorar aún mas cada uno de mis días, sea cual sea mi propia fecha de caducidad.

Para cuando por fin esos 14 días pasaron estaba dispuesta a aceptar cualquier resultado, pero principalmente para aceptar como nunca antes la fragilidad de mi propia existencia asumiendo que el único sentido importante que podía darle es el de hacerme responsable de realmente vivir.

De vivir al máximo y de amar al máximo, por el tiempo que sea.

 

Y la vida me concedió la oportunidad de seguir… ignorante de saber hasta cuándo, como todos, un poco diferente después de este proceso y mucho más feliz.