Día 157. Día 2: De los sueños surge todo

Abrí los ojos.

Lo primero que pensé fue haber escuchado a mi niño caminar hacia mi cuarto en la madrugada como lo hace a veces rumbo a mi cama. Luego recordé que no estaba en mi cuarto, ni en mi casa, sino en aquella pocilga de hostal. Y no habían sido los pasos de mi niño sino probablemente algún otro inquilino caminando hacia el baño o por el pasillo. El cuarto que me habían asignado estaba justo en la pasadera. Segui con los ojos cerrados y regresé mis pensamientos hacia mi niño dormilón.

Me acerqué el celular para ver la hora, 8:35 de la mañana .¿Tan tarde? Traté de hacer memoria pero no pude recordar cuándo fue la última vez que desperté a esta hora… ¿Y cómo es que había dormido tanto? Bueno, recordé que el día anterior caminé toda la tarde por las calles de San Francisco sin rumbo fijo, no era para menos.  Después de estar un rato en Market y Embarcadero seguí por el muelle y estuve andando hasta que me di cuenta que había llegado al famoso Fishermans Warf, comí la mejor crema de almeja del mundo con todo y el bolillo en que te la sirven y regresé caminando por donde mismo. Justo antes de que oscureciera por completo. Me da temor andar de noche por aquí, el barrio está muy feo.
Llegué cansada, con mucha reticencia me di un baño lo mas breve posible y regresé al cuarto para dormirme inmediatamente.

Afortunadamente la condición de la cama es aceptable. No me puedo quejar, dormí bien.

“Hoy es la expo donde nos entregarán números, playeras y toda la información relacionada a cada una de las carreras. Pienso pasar todo el día fuera. Unos autobuses estarán llevando y trayendo corredores partiendo del mismo lugar donde estuve ayer , Market y Embarcadero, afuera del Hotel Hyatt”.

Entusismada con el plan del día salí rápido de la cama, me puse las sandalias y me acerqué a la ventana. El cielo estaba nublado y tan oscuro que daba la impresión de que apenas amanecía.

Mientras me arreglaba para salir empecé a preguntarme ¿Cómo lucirá el cielo a la hora en que justamente dará inicio el maratón? Precisamente a las 5:30 de la mañana…

Cuando estuve lista salí, esta vez dispuesta a disfrutar de todo el día fuera. Había superado la decepción del día anterior y hoy me sentía optimista y entusiasmada por disfrutar el día previo a la carrera. En cuanto puse un pie fuera del  edificio di un gran respiro de aire puro. La mañana, aunque fría era fresca y promisoria.

Caminé de nuevo rumbo a Market Street con total parsimonia viendo a mi alrededor con otros ojos.

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Así, después de un rato viendo aparadores entré a MOLESKINE, una tienda donde venden principalmente unos hermosos cuadernos de todos colores, tamaños y para todo tipo de propósitos.

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Entré a verlos y tocarlos prácticamente todos. No compré nada pero me di el placer de admirarlos. Qué le voy a hacer, la diseñadora que vive en mí se resiste a morir y le encantan estas cositas.

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Después salió a mi encuentro el delicioso aroma de una cafetería Peets Coffee y recordé que no había desayunado aún ¿Cómo era eso posible?. Minutos mas tarde ya tenía un latte mediano en una mano y un delicioso croissant de almendra en otra. Me senté en una de las mesitas exteriores y me dediqué a saborearlos lentamente. Qué delicia.

Observé gente caminando en ambas direcciones y lo mejor aún fue ver a muchas personas corriendo. ¡Eso me encanta! Es como si fuésemos todos una cofradía, un gremio o algo así. Claro, yo portaba ropa de “civil”,  no tenían manera de saber que yo también era una “de ellos”. Así que me dedique a  observarles tratando de descifrar cuánto tiempo llevaban corriendo, media hora, una hora…. Eso sí, por su apariencia todos parecían corredores expertos. Después de un rato incluso me imaginé dejándolo todo en la mesa para correr con ellos. Imagino muchas cosas como verán….

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Al terminar seguí caminando hasta llegar a la esquina del Hyatt y ahí abordé con otras personas uno de los camiones que nos llevaría hasta la Expo. La verdad es que a excepción de dos chicas que no paraban de hablar sin reparar en nada ni en nadie, el resto del grupo, todos parecíamos turistas, con la sonrisa instalada en el rostro, la mirada de asombro y la boca bien abierta viendo todo alrededor.

El trayecto no fue largo, prácticamente por todo el muelle hasta llegar al lugar, Fort Mason. El camión se detuvo frente a un pequeño mercado Safeway y en cuanto el chofer abrió la puerta todos empezamos a bajar. La verdad no investigué nada acerca de la historia de ese lugar pero parecía una gran bodega vieja donde se estuviera llevando a cabo una fiesta. Tenía un gran estacionamiento al frente, de lado izquierdo una pequeña marina y del lado derecho un parque enorme, muy bonito y amplio, con una pendiente que desaparecía a lo lejos entre grandes árboles. Había mucho movimiento. Gente por todos lados y en todas direcciones, corriendo, en bicicleta o caminando tranquilamente con sus perros. Entonces me di cuenta que el sol ya había asomado sus tibios rayos de sol y el cielo poco a poco se estaba despejando.

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A medida que me acercaba a la entrada de la Expo el ambiente festivo de todo aquello hacía que me emocionara cada vez más. Justo en el área de la entrada había muchos stands de todo tipo, ropa deportiva, comida, bebidas energéticas, masajes, hidratantes, café, todo generaba gran anticipación . La fachada estaba vestida con lonas y pendones verdes alusivos a todas las carreras del día siguiente: dos medios maratones, una carrera de 5 kilómetros y el gran evento: MI maratón.

Por fin entré y fui recibida cálidamente con el murmullo de la gente, la música y un gran ambiente deportivo. Tantos locos reunidos en un solo lugar, ¡qué maravilla!

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Fui por mi número, bobeé en los stands, me tomé fotos, platiqué con la gente de los stands, caminé, fui al baño, vi detenidamente el mapa de la ruta del maratón, ubiqué mi corral de salida, me tomé mas fotos muerta de la risa (la chica que me tomó esta foto sí sabía lo que quería decir chingona y reímos juntas)…

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me apunté para un par de rifas, pregunté por el guardarropa del día de la carrera, probé unos electrolitos que no conocía, estuve viendo ropa deportiva, me tomé mas fotos, vi la ropa  conmemorativa del evento, no compré nada, me recomendaron algunas apps….

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Cuando me di cuenta habían pasado ya tres horas, un poco acalorada por fin salí a tomar el aire fresco. Estando afuera me obsequiaron una botellita de Kombucha bien helada que me supo deliciosa y caminé por el sendero que rodeaba el parque subiendo la pequeña cuesta.

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De mi hombro colgaba una bolsa de plástico con todas las cosas que me habían dado, mi número de participante con chip rastreador, una guía de turismo de la ciudad de San Francisco, un poster tamaño tabloide con la ruta de todas las carreras del día siguiente, dos pares de lentes para el sol, algunas muestras de avena, barras de proteína, mi playera conmemorativa del evento, un mapa de la ciudad de San Francisco, una muestra de guacamole y chips y un montón de folletos, tarjetas y literatura de todo tipo de proveedores de ropa y productos deportivos.

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A medida que avanzaba hacia la parte mas alta del parque la vista era cada vez más bonita. Cuando llegué tomé algunas fotografías y me senté en la bardita a la orilla del camino.

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Frente a mí se veían las aguas azules de la bahía y la pequeña isla de Alcatraz, el día se había despejado tanto que incluso ésta se veía impresionantemente cercana.

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A la izquierda, el famoso puente Golden Gate y a la derecha, a lo lejos apenas se delineaba el puente que cruza hacia Oakland. Mis ojos se llenaron de aquella vista y regresaron de nuevo al puente Golden Gate. Recordé mis vacaciones con Camila hace 6 años y las fotos que nos tomamos sentadas, al pie de uno de sus extremos. Increíble pensar que aquella gran estructura color marrón  a lo lejos había sido la que me había motivado a realizar este viaje. Ahora estaba aún mas cerca.

La ruta del maratón pasaba justo en este camino.  Esa sería mi vista, y seguiría en dirección al puente.

Empece a imaginarlo.

Un enorme sentimiento de realización llenó mi cuerpo haciéndome sentir un gran hueco en el estómago.

Mis tripas rompieron el silencio, ademas de emoción también tenía hambre.