Día 161. El último del año

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Son las 8 de la noche del último día del 2018. Esta noche no planeo salir. Mi hijo pequeño ya duerme tranquilo en su  cama. Mi hija hoy mismo regresa de unas breves vacaciones con su padre en Chihuahua. Seguro mas tarde sabré de ella.  Estoy exactamente como me gusta disfrutar de mi casa: sola y en silencio. La luz de la cocina y los foquitos multicolores de mi arbolito de navidad crean una atmosfera única. Los únicos sonidos que escucho son las gotas de lluvia allá afuera y mis dedos golpeando el teclado de la computadora.

Me siento tranquila y estoy en PAZ.

He abierto una botella de Lambrusco y planeo terminar con ella. Empecé hace rato y ahí la llevo. Copa en mano me puse a reflexionar sobre mi año “viejo”. Ha sido como un libro bien gordo que ahora estoy a punto de terminar. Y así como hay libros tan buenos que no quiero hojear por última vez, este año ha sido sumamente especial. Me enseñó tanto….

Me di permiso para “fallar”. Me rebelé ante la idea del compromiso y a la disciplina. Descubrí que para vivir plenamente lo único esencial es eso, VIVIR, disfrutar de mi propia vida. En mis términos, bajo mis propias condiciones, que hoy pueden ser unas y mañana otras. A nadie le debo cuentas. Mucho menos si actúo con la verdad por delante. Descubrí que ser congruente y honesta es un trabajo constante. Que no le debo explicaciones ni dar gusto absolutamente a nadie. Que puedo caer, levantarme, perdonarme y seguir caminando.

Me descubrí plena y absolutamente libre. Precisamente por eso me “fallé” en algunos momentos, porque descubrí que hasta las pasiones te pueden exclavizar. Tengo muchas aficiones pero ninguna me define. Y mucho menos estoy dispuesta a padecerlas.

Padecer, lo único que padecí este año fue la muerte. El reconocimiento de la brevedad de  nuestra existencia me sigue pareciendo atemorizante. Los amores, los cariños, las amistades, todas son breves, los momentos son fugaces, los recuerdos son como alcohol volátil. Todo es fugaz en esta vida. Esta gran verdad es como un muro enorme que se erige hasta el cielo, presente en todo momento y que en ocasiones tan solo recordar que existe, que esta ahí, puede ensombrecer y enfriar nuestros pensamientos, nuestros actos,  absolutamente todo.

Este año me enseñó a atesorar el silencio. A escucharme. A apreciar aún mas la soledad. Pero tambien a ser atrevida, a entregarme a manos llenas al amor cuando se da. A atesorar a todas las personas queridas, en todos los momentos por mas pequeños que puedan parecer. De hecho creo que así como no hay vidas mas grandes o mas pequenas no hay momentos pequeños. La vida siempre es enorme, está en todo lo que pasa, en todo lo que llega y tristemente también en todo lo que se va. Solo hay que avizar la vista y el corazón para alcanzar a apreciarlo. Aún cuando ya es solo un recuerdo. Solo somos conciencia, nada más.

Este año ha sido enorme y abundante de enseñanzas. Me siento sumamente bendecida  en un nivel muy profundo e interior. Agradecida y plena cierro una página mas. El libro se termina pero es solamente un tomo más de mi existencia.

Acepto anticipadamente lo que esté por venir.

¡Feliz 2019 para mí y para todos y todas! Que cada uno de sus días sigan enriqueciendo su propia experiencia.

Abrazos y ¡salud! ;)

 

 

 

Día 160. Wanderlust.

Wanderlust, un gran deseo o impulso de viajar, deambular o explorar el mundo.

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Escenario #1. Naces, creces, te enamoras, te casas, tienes hijos y mueres.

¿Será acaso este el guión de nuestras vidas?

Escenario #2. Naces, creces, te enamoras, te casas, tienes hijos, te divorcias y mueres.

(Bueno, si eres mujer mueres sola, rodeada de hijos y nietos a quienes adoras. Si eres hombre te vuelves a casar tienes más hijos y mueres atendido por tu nueva mujer y sus hijos y tus hijos. No te acuerdas de los nombres de todos tus nietos).

Pero, la vida es mucho más que esto ¿no?

Escenario #3. Naces, creces, te enamoras, te casas, tienes o no tienes hijos,  tu y tu pareja se convierten en roomates, uno de los dos o ambos son infieles, secretamente se vuelven a enamorar (o creen enamorarse, muchas veces, de muchas otras personas) construyen un hogar “sólido” donde todos son felices, permanecen unidos hasta el final de sus días y mueren.

¿Qué bonito es el amor “bonito” verdad?

No importa cual escenario te haya gustado más, hemos sido adoctrinados a ver la vida en pareja pensando que es el ideal al cual todos debemos aspirar. Pero, ¿qué tal que hay más?

La serie Wanderlust (Netflix) plantea la problemática en una relación después de que se acaba el deseo. ¿Qué hacer? ¿Dejar de desear a tu pareja equivale a dejar de amarle? ¿Qué pasa cuando dos personas en una relación se atreven a ser honestas y mirar de frente su realidad? ¿Qué otras opciones puede haber para las personas que desean tener una vida sexual plena hasta el fin de sus días?

La verdad es que las relaciones en el mundo real tienen poco de románticas y la honestidad puede ser brutal.

La palabra clave aquí es EXPLORAR.

Los invito a darle una revisada a esta serie, quizás no sea muy romántica, pero creo que sí toca una problemática muy real: las relaciones tradicionales ya no funcionan.

Ahí me cuentan que les pareció y nos contamos. ;)

 

 

Día 159. Soy una Bruja

Cándida y cruel,

pragmática, distraída,

libertina, escandalosa,

misteriosa, cachonda,

hedonista, reflexiva,

disciplinada, aguerrida,

creativa, ingeniosa,

atrevida, soez,

hábil, astuta,

irreverente, amorosa,

prudente, juguetona,

orgullosa, temperamental,

dramática, sensual….

Empoderada y libre,

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Soy una Bruja.

 

 

 

 

 

Día 158. Reseña de la obra Cielito Sweet

……mexicano, mexicana, mexicano, mexicana, mexicano, mexicana…..

Ay ay ay ay…. canta y no llores…..

                        porque cantando se alegran cielito lindo los corazones.

 

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Como parte de las actividades que realiza el Festival de Octubre que se celebra en varias ciudades del estado organizado por el Instituto de Cultura de Baja California e invitada por la Escuela de Espectadores de Teatro a la cual pertenezco hoy tuve la oportunidad de  asistir a la obra Cielito Sweet presentada por Teatro en el Incendio y la compañía de danza Lux Boreal. Un brillante espectáculo unipersonal protagonizado por Briseida bajo la dirección de Gilberto Corrales que combina de manera magistral ambas artes, danza y teatro.

A pesar de que la obra tiene un inicio un poco confuso, poco a poco las ideas van tomando claridez y forma, hasta llegar a convertirse en toda una imagen desgarradora del país actual en el que vivimos. Una analogía entre lo que le acontece a una mujer ama de casa cuyos sueños se ven contrastados por una realidad distorsionada y violenta tal como ocurre en nuestro país donde desde hace muchos años vivimos una realidad sangrienta, surreal, trágica, siniestra.

La actuación de Briseida es realmente asombrosa. Posee muchísimas cualidades que la hacen brillar sobre el escenario. Asombrosa la manera que pasa de la gracia del ballet a la farsa, de la elegancia a la locura. Cada centímetro de su cuerpo en total congruencia con aquello que se quiere transmitir. Un papel demandante y muy completo que ejecuta a la perfección.

La escenografía muy sencilla, pocos elementos pero significativos. El uso de una proyección gigante para transmitir lo que debe ser bello pero que al final nunca resulta ser tal y como nuestra mente lo concibe.

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La música y el baile recursos que se combinan para llevarnos de la mano de la gracia hasta el horror.

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La distorsión de la belleza. La incongruencia del deber ser. La decepción. Las exigencias del cuerpo en nuestra sociedad. La mentira interna. El mundo de las apariencias. La locura en un pais donde cobijamos la muerte porque solo eso nos queda. Eso y cantar, cantar para no llorar.

Excelente trabajo, me encantó.

Día 157. Día 2: De los sueños surge todo

Abrí los ojos.

Lo primero que pensé fue haber escuchado a mi niño caminar hacia mi cuarto en la madrugada como lo hace a veces rumbo a mi cama. Luego recordé que no estaba en mi cuarto, ni en mi casa, sino en aquella pocilga de hostal. Y no habían sido los pasos de mi niño sino probablemente algún otro inquilino caminando hacia el baño o por el pasillo. El cuarto que me habían asignado estaba justo en la pasadera. Segui con los ojos cerrados y regresé mis pensamientos hacia mi niño dormilón.

Me acerqué el celular para ver la hora, 8:35 de la mañana .¿Tan tarde? Traté de hacer memoria pero no pude recordar cuándo fue la última vez que desperté a esta hora… ¿Y cómo es que había dormido tanto? Bueno, recordé que el día anterior caminé toda la tarde por las calles de San Francisco sin rumbo fijo, no era para menos.  Después de estar un rato en Market y Embarcadero seguí por el muelle y estuve andando hasta que me di cuenta que había llegado al famoso Fishermans Warf, comí la mejor crema de almeja del mundo con todo y el bolillo en que te la sirven y regresé caminando por donde mismo. Justo antes de que oscureciera por completo. Me da temor andar de noche por aquí, el barrio está muy feo.
Llegué cansada, con mucha reticencia me di un baño lo mas breve posible y regresé al cuarto para dormirme inmediatamente.

Afortunadamente la condición de la cama es aceptable. No me puedo quejar, dormí bien.

“Hoy es la expo donde nos entregarán números, playeras y toda la información relacionada a cada una de las carreras. Pienso pasar todo el día fuera. Unos autobuses estarán llevando y trayendo corredores partiendo del mismo lugar donde estuve ayer , Market y Embarcadero, afuera del Hotel Hyatt”.

Entusismada con el plan del día salí rápido de la cama, me puse las sandalias y me acerqué a la ventana. El cielo estaba nublado y tan oscuro que daba la impresión de que apenas amanecía.

Mientras me arreglaba para salir empecé a preguntarme ¿Cómo lucirá el cielo a la hora en que justamente dará inicio el maratón? Precisamente a las 5:30 de la mañana…

Cuando estuve lista salí, esta vez dispuesta a disfrutar de todo el día fuera. Había superado la decepción del día anterior y hoy me sentía optimista y entusiasmada por disfrutar el día previo a la carrera. En cuanto puse un pie fuera del  edificio di un gran respiro de aire puro. La mañana, aunque fría era fresca y promisoria.

Caminé de nuevo rumbo a Market Street con total parsimonia viendo a mi alrededor con otros ojos.

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Así, después de un rato viendo aparadores entré a MOLESKINE, una tienda donde venden principalmente unos hermosos cuadernos de todos colores, tamaños y para todo tipo de propósitos.

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Entré a verlos y tocarlos prácticamente todos. No compré nada pero me di el placer de admirarlos. Qué le voy a hacer, la diseñadora que vive en mí se resiste a morir y le encantan estas cositas.

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Después salió a mi encuentro el delicioso aroma de una cafetería Peets Coffee y recordé que no había desayunado aún ¿Cómo era eso posible?. Minutos mas tarde ya tenía un latte mediano en una mano y un delicioso croissant de almendra en otra. Me senté en una de las mesitas exteriores y me dediqué a saborearlos lentamente. Qué delicia.

Observé gente caminando en ambas direcciones y lo mejor aún fue ver a muchas personas corriendo. ¡Eso me encanta! Es como si fuésemos todos una cofradía, un gremio o algo así. Claro, yo portaba ropa de “civil”,  no tenían manera de saber que yo también era una “de ellos”. Así que me dedique a  observarles tratando de descifrar cuánto tiempo llevaban corriendo, media hora, una hora…. Eso sí, por su apariencia todos parecían corredores expertos. Después de un rato incluso me imaginé dejándolo todo en la mesa para correr con ellos. Imagino muchas cosas como verán….

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Al terminar seguí caminando hasta llegar a la esquina del Hyatt y ahí abordé con otras personas uno de los camiones que nos llevaría hasta la Expo. La verdad es que a excepción de dos chicas que no paraban de hablar sin reparar en nada ni en nadie, el resto del grupo, todos parecíamos turistas, con la sonrisa instalada en el rostro, la mirada de asombro y la boca bien abierta viendo todo alrededor.

El trayecto no fue largo, prácticamente por todo el muelle hasta llegar al lugar, Fort Mason. El camión se detuvo frente a un pequeño mercado Safeway y en cuanto el chofer abrió la puerta todos empezamos a bajar. La verdad no investigué nada acerca de la historia de ese lugar pero parecía una gran bodega vieja donde se estuviera llevando a cabo una fiesta. Tenía un gran estacionamiento al frente, de lado izquierdo una pequeña marina y del lado derecho un parque enorme, muy bonito y amplio, con una pendiente que desaparecía a lo lejos entre grandes árboles. Había mucho movimiento. Gente por todos lados y en todas direcciones, corriendo, en bicicleta o caminando tranquilamente con sus perros. Entonces me di cuenta que el sol ya había asomado sus tibios rayos de sol y el cielo poco a poco se estaba despejando.

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A medida que me acercaba a la entrada de la Expo el ambiente festivo de todo aquello hacía que me emocionara cada vez más. Justo en el área de la entrada había muchos stands de todo tipo, ropa deportiva, comida, bebidas energéticas, masajes, hidratantes, café, todo generaba gran anticipación . La fachada estaba vestida con lonas y pendones verdes alusivos a todas las carreras del día siguiente: dos medios maratones, una carrera de 5 kilómetros y el gran evento: MI maratón.

Por fin entré y fui recibida cálidamente con el murmullo de la gente, la música y un gran ambiente deportivo. Tantos locos reunidos en un solo lugar, ¡qué maravilla!

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Fui por mi número, bobeé en los stands, me tomé fotos, platiqué con la gente de los stands, caminé, fui al baño, vi detenidamente el mapa de la ruta del maratón, ubiqué mi corral de salida, me tomé mas fotos muerta de la risa (la chica que me tomó esta foto sí sabía lo que quería decir chingona y reímos juntas)…

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me apunté para un par de rifas, pregunté por el guardarropa del día de la carrera, probé unos electrolitos que no conocía, estuve viendo ropa deportiva, me tomé mas fotos, vi la ropa  conmemorativa del evento, no compré nada, me recomendaron algunas apps….

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Cuando me di cuenta habían pasado ya tres horas, un poco acalorada por fin salí a tomar el aire fresco. Estando afuera me obsequiaron una botellita de Kombucha bien helada que me supo deliciosa y caminé por el sendero que rodeaba el parque subiendo la pequeña cuesta.

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De mi hombro colgaba una bolsa de plástico con todas las cosas que me habían dado, mi número de participante con chip rastreador, una guía de turismo de la ciudad de San Francisco, un poster tamaño tabloide con la ruta de todas las carreras del día siguiente, dos pares de lentes para el sol, algunas muestras de avena, barras de proteína, mi playera conmemorativa del evento, un mapa de la ciudad de San Francisco, una muestra de guacamole y chips y un montón de folletos, tarjetas y literatura de todo tipo de proveedores de ropa y productos deportivos.

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A medida que avanzaba hacia la parte mas alta del parque la vista era cada vez más bonita. Cuando llegué tomé algunas fotografías y me senté en la bardita a la orilla del camino.

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Frente a mí se veían las aguas azules de la bahía y la pequeña isla de Alcatraz, el día se había despejado tanto que incluso ésta se veía impresionantemente cercana.

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A la izquierda, el famoso puente Golden Gate y a la derecha, a lo lejos apenas se delineaba el puente que cruza hacia Oakland. Mis ojos se llenaron de aquella vista y regresaron de nuevo al puente Golden Gate. Recordé mis vacaciones con Camila hace 6 años y las fotos que nos tomamos sentadas, al pie de uno de sus extremos. Increíble pensar que aquella gran estructura color marrón  a lo lejos había sido la que me había motivado a realizar este viaje. Ahora estaba aún mas cerca.

La ruta del maratón pasaba justo en este camino.  Esa sería mi vista, y seguiría en dirección al puente.

Empece a imaginarlo.

Un enorme sentimiento de realización llenó mi cuerpo haciéndome sentir un gran hueco en el estómago.

Mis tripas rompieron el silencio, ademas de emoción también tenía hambre.